EL SAMURAI

 del fotógrafo 

PETER FRANKE 

San Carlos de Bariloche - Argentina 1997

Hacia una ecología del alma

Durante muchos años ha girado en mi cabeza la idea de realizar una danza de "El andrógino". Encontrar en la danza la combinación de lo masculino y lo femenino. Lo delicado y suave con lo fuerte y lo penetrante, comienzan con un diálogo, una ceremonia silenciosa, cargada de simbolismos secretos, comunes a todos. El miedo , la ira, el dolor, la alegría, la compasión y el amor, también es común para todos. Uno es desencadenante del otro.

Lo difícil en la danza como en la vida es poder fluir y atravesar por ellos, expresándolos al máximo de sus posibilidades, sin detenerse y atascarse en ninguno.

Cada elemento de la naturaleza (árbol, flor, pez, insecto, piedra, montaña, cielo, etc.) siente y le acontece el mismo proceso que al ser humano.
En un mundo donde las palabras son solamente ruidos cargados de "smog", como dijo
Fellini en su última película "La Voz de la Luna" - ...Hagamos un poco de silencio...


Quizá desde allí escucharemos al alma, que grita palabras, sonidos, de amor y de dolor, como un niño recién nacido grita algo que nos es incomprensible. Afinar los sentimientos (como me enseñó
Kazuo Ohno) es regresar al "origen de la vida"; para expresar un mundo ideal e irreal, imposible de realizar con la voluntad. Se concreta sólo a través de la observación de la naturaleza y la fe en dar forma a mi cuerpo, en un mundo intermedio (un mundo donde ni la luz ni la oscuridad son absolutas es el MUNDO DE LA DANZA BUTOH).

Es un mundo donde "Dios es musculatura", como dice Yoshito Ohno, es un tiempo y un espacio donde se representa - Ankoku Butoh - "La danza de las tinieblas".

 Prof. Gustavo Collini Sartor

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